El Carisma de María Gay Tibau

El Carisma de María Gay Tibau

Por carisma de la Fundadora se entiende una especial comunicación de gracia, otorgada directamente por el Espíritu a una persona para  capacitarla a fundar un Instituto religioso y configurar su fisonomía e identidad.

María Gay Tibau, fue agraciada por el don del Espíritu Santo con el carisma de la caridad, que la consagró para la misión de transparentar el amor misericordioso de Jesús entre los enfermos y necesidades.

Gracia, es la expresión de bondad y de la misericordia divinas manifestada en la actuación de Jesús que alivia el dolor y cura a los enfermos. Desde esta vivencia carismática, Maria Gay ve a Cristo en el enfermo.

El carisma de la Fundadora contiene un conjunto de elementos propios y diferenciados que incluye, además de los elementos personales de su vocación, una visión profética que origina una espiritualidad y un estilo de vida propio ordenado a la misión particular.

Una espiritualidad propia

Todo carisma origina una espiritualidad. El núcleo de esta espiritualidad es una particular vivencia del misterio de Cristo. Desde ella, la Fundadora vive la consagración bautismal y la religiosa.

Maria Gay, desde el comienzo vivió su propia espiritualidad. Su impronta espiritual fue desde una piedad popular, sencilla y como consecuencia fácil de acomodarse a las diversas situaciones apostólicas.

Su perfil humano, es una puerta de entrada para descubrir la belleza espiritual que acoge su persona.

Destacó por su humildad y sencillez, abnegación y prontitud.

Fue generosa y alegre, con un gran corazón y una inmensa ternura.

Era una persona cercana, capaz de transmitir al enfermo serenidad, esperanza y paz.

Los rasgos de su espiritualidad que destacan más:

  • Las virtudes de la caridad, la fe y la esperanza : Maria Gay ejerció la caridad al máximo y la transmitió a las Hermanas bajo el impulso del Espíritu que la disponía a dejarse conducir y sostener por Él.

La confianza que supone la fe y la esperanza en Dios Providente, fue el sello más destacado de su espiritualidad. Todo lo dejaba en sus manos.

Nunca confió en sus propias fuerzas sino que esperaba activamente que Él se le mostrara y la sostuviera en el camino verdadero de su voluntad.

  • La dimensión trinitaria: Maria la vivió con intensidad y la introdujo en el primer Reglamento porque se viviera en la Asociación.
  • El Padre Providente. En este Padre ella ponía toda la confianza trabajando y esperando de Él todo el necesario para su vida y la de sus Hermanas.
  • Jesús misericordioso-esposo. Por María, Jesús era el esposo amante, a quién debía de entregar todo su amor, para ser fecundas en el apostolado; era a quien veían en los enfermos que ellas cuidaban con solicitud maternal.

Procuraban reproducir y transparentar este mismo Cristo,  viviendo los valores evangélicos en el servicio apostólico.

  • El Espíritu Santo. Su apertura al Espíritu consolidó su vida entregada a los enfermos, y su obra prolongaría en el tiempo esta actividad caritativa.
  • La Piedad. En el momento de la fundación ya estaba muy definida y en cierto modo, avalada por las asociaciones a las que pertenecía.

Destacaron:

  • La plegaria. Ella entendió la plegaria como la manera privilegiada de comunicarse con Dios. Existía una constante interacción entre PLEGARIA, VIDA COMUNITARIA Y ACCIÓN APOSTÓLICA; era un solo acto.

Veía a Cristo en el enfermo porque antes, ella se había sentido envuelta en el amor benévolo y compasivo de Jesús.

Su plegaria señalaba dos aspectos:

  • La acción de gracias a Dios por los beneficios recibidos. Reconocerlo como Señor de todo y sentirnos criaturas necesitadas de Él.
  • La imitación del Cristo. La plegaria nos dispone para imitar Cristo crucificado en nuestra vida cotidiana.

Nos ayuda a vivir y practicar las virtudes cristianas, y nos prepara por afrontar las dificultades de la vida apostólica.

  • El silencio. Es el medio más eficaz para hacer bien la oración. Su carencia debilitaba la vida interior.

La lectura y el silencio sirven para mantener la presencia de Dios; es también una ayuda interior que invita a pensar ordenadamente y con provecho. Es, pues, necesario, mantener a lo largo del día una actitud orante, facilitada por el silencio exterior e interior.

  • Amor filial a María. Para ella era más que una simple devoción a la Virgen María. Sentirse hija, constituía una dimensión fundamental de su espiritualidad y así lo ha transmitido a la Congregación.
  • Especial devoción a San José. Ella vivió una profunda y especial relación con San José, que marcó la espiritualidad del Instituto desde los orígenes. Acudía de manera especial en los momentos difíciles. Lo experimentó por encima de todo como protector.Murió con la misma sencillez y humildad, precisamente en una fecha señalada y memorable por ella y por todo el Instituto. La vigilia del Santo Patrón y Protector, San José.
  • Dirección espiritual. Maria Gay se dejaba aconsejar por personas de probada virtud, y la figura del director y/o confesor ha estado siempre muy ligada al acompañamiento espiritual tanto en María cómo en las primeras Hermanas.
  • Un estilo de vida Nos consta que Maria Gay era muy humilde, jovial y alegre. Su caridad ardiente la hacía muy sensible al sufrimiento humano. Era pronta y abnegada en acercarse a la cabecera del enfermo.

Vestía con sencillez y modestia, como las mujeres trabajadoras de Girona.

Trabajaba a diario para ganarse el pan cotidiano, que recibía de la caridad de los enfermos que asistía.

Las Hermanas que vivieron con ella nos han transmitido, con gran respeto y cariño esto: era muy fina, bondadosa y llena de caridad con los enfermos.

Maria Gay entendió muy bien qué es vivir en igualdad, pues, nunca se consideró superior a las otras, no pretendió ser Superiora, sino servidora de sus amadas Hermanas.

La comunidad era muy importante para ella. La vivía con un estilo propio de familia. Era desde donde salía hacia el apostolado y la misión

Trabajó para inculcar en sus hijas el espíritu de caridad y servicio. Se ejercitó en la práctica de sus deberes: obediencia, pobreza, castidad. Vivió intensamente la espiritualidad de los votos.

A pesar de que la profesión era privada, las comprometía y consolidaba en sus relaciones comunitarias y apostólicas.

Su programa de vida era muy claro: amar a Dios, consagrarse totalmente a Él, en comunidad y dedicarse a las obras más espinosas de la caridad.

Una misión particular

Su compromiso y testigo animó a otras jóvenes a ingresar al Instituto para dedicar su vida y acción al servicio de los enfermos.

Creyeron en el llamamiento del Señor y se fiaron del programa de vida que la fundadora les ofrecía. Era fuerte el empeño de Maria Gay, para que sus hijas aprendieran bien esta disposición continúa de prestar el servicio de caridad al enfermo y necesitado.